Esos días en los que se te juntan todos los problemas de golpe y se te crea un bucle en tu mente, en tu cuerpo y en tu estómago que no te deja ni pensar bien, ni realizar los movimientos adecuados en tu cuerpo, ni comer.
Sales a la calle creyendo que así te evadirás de todo aquello, y por un rato lo logras. Pero entonces llega el típico momento en el que te levantas a las 2 y media de la tarde en la cama, con un dolor de TODO que no sabes qué parte del cuerpo te duele más, es un todo, que va desde la uña del dedo del pie hasta la última punta del cabello más largo.
Y descubres que todo se ha ido al garete, cuando la realidad vienen pidiendo explicaciones a la puerta de tu habitación, golpeando fuertemente, creyéndose dueña de tu vida, y pidiendo algo que nunca sabrás como dar.
Ahora solo queda esperar, a que el tiempo, sí, mi amigo el tiempo, en el que he tenido que confiar y sigo creyendo en que algún día me recompensará por todo ese espacio dedicado, ponga todo en su lugar. Que las cosas salgan como tienen que pasar, tanto para bien, como para mal, y que, sitúe a cada persona donde se merece y como se merece.
Bucle, sal de mi. Necesito que deje de dolerme la cabeza por unos momentos, porque me estoy volviendo loca.
¿Llorar? Ya he derramado todas las lágrimas posibles.
Aún así creo que todos los acontecimientos que han pasado por mi vida, me han hecho una persona fuerte. Demasiado diría yo.
Y sí, las personas fuertes, aunque creáis que no, también lloramos.

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